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jueves, 5 de marzo de 2009

Frío como el infierno

.............................................................................................................................................. Young woman in the shore, 1896 - Edvard Munch

Estamos en invierno y esto es Roma
y tú no estás.
.................... Yo voy de un lado a otro
de tu nombre,
..................... lo mismo
que un oso en una jaula;
.................................... marco un número;
pongo la radio, escucho una canción
de Patti Smith dar vueltas dentro de Patti Smith
igual que un gato en una lavadora.

Estamos en invierno y yo busco un cuchillo;
miro la calle;
................... pienso en Pasolini;
cojes una naranja con mi mano.

Y esto es Roma.
......................... La nieve
convierte la ciudad en una parte del cielo,
ilumina la noche,
deja sobre las casas su ángel multiplicado.

Y tú no estás.
..................... Yo cierro una ventana,
miro el televisor,
..........................
leo a Ungaretti,
pienso: la distancia es azul,
yo soy lo único que hay entre tú y este frío.

Estamos en invierno y esta ciudad no es Roma
ni ninguna otra parte.
................................. Miro atrás
y puedo verlo: acabas de apagar una lámpara;
has cerrado los ojos
y sueñas con un bosque;
..................................... de repente
alargas una mano,
............................buscas una manzana
que está en el otro lado de la mujer dormida...

Mientras,
............... yo odio este mundo frío como el infierno
y el cansancio que caza lentamente mis ojos;
odio al lobo que has puesto en la palabra noche
y la forma en que llenas la habitación vacía.
Odio lo que veré
desde hoy y para siempre: tus pisadas
en la nieve de Roma, donde nunca has estado.


Benjamín Prado
De: Todos nosotros, 1998
Dentro de: Mi antología, Ediciones UDLA, 2007 México



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miércoles, 4 de marzo de 2009

Doble o nada

La voz, 1893 - Edvard Munch
Un hombre que se ríe es una fuente;
el que mira la lluvia
cae muy despacio encima de sí mismo.
La sombra de los árboles
pertenece a la olas.
El sabor del aceite se escucha en los mercados.

Eso es cierto.

......................... También es verdad que hay palabras
que suenan, a lo lejos,
................................. como el mar
que abandona en la playa los restos de la luna;
palabras construidas
con la luz de los bosques,
el metal del que está hecho el ruido de los trenes.

Eso es cierto.
..................... Y también: En los motores fríos
agoniza el león blanco de la mañana.

El olor de una rosa sube de las bodegas.
Del corazón del muerto escapan las palomas.

Todo es verdad.
.......................... Un río es del tamaño
del hombre que se aleja de ese río.
La mujer es azul cuando ve las montañas.
El que pisa la nieve, camina sobre el cielo.

Todo es cierto. Tú dices:
...........................................
Las campanas
convierten la ciudad en un barco perdido.


Y yo sé que eso es cierto.
....................................... Abro los ojos
y tu ves un jardín;
miro la noche
y para ti estos versos
son esa noche.

Tú sabes que es verdad. Tú has venido a decirme:
O lo aceptamos todo o es que todo es mentira.


Benjamín Prado
De: Todos nosotros, 1998
Dentro de: Mi antología, Ediciones UDLA, 2007 México



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viernes, 19 de octubre de 2007

Conversación en la isla

......................................................................................................................... Noche estrellada 1923-24-Edvard Munch
—Escribir un poema es intentar desatarse,
adivinar en qué mano está la moneda
—dije yo—. Tú mirabas

el sol igual que un fuego encima de la isla
y yo dije: —La poesía empieza
cuando ya has olvidado qué es lo que te asustaba
pero aún tienes miedo.
Yo veía
las torres blancas. Tú dijiste:Es raro,
nos gustaría huir
pero nadie nos sigue.

Junto al agua,
partiendo nuestras vidas,
cortándonos las manos al coger los cristales,
tú dijiste: —La poesía es todo
lo que hay entre un disparo y el animal herido.
Parecías
tan lejos, tan a salvo
de ti y de mí;
distinta igual que siempre,
rota y vuelta a armar de una manera nueva.

El sol se fue. La noche
se acercaba y yo dije:¿Recuerdas que jugábamos
a poner nuestros años
al lado de la Historia? Por ejemplo:
aprobaste Latín y Armstrong llegó a la luna...
Y tú dijiste:— El fuego
. . . . . . . . . . . . . ....... . . de los días,
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . ........... . la suma
de las horas,
..................... las letras de "Armstrong llegó a la luna"...
Estábamos tan solos,
tan cansados,
como perros perdidos en medio de la lluvia,
como hombres mirando la noche desde una casa vacía.

Vi las últimas luces de la costa y el cielo
extraño encima de la playa. —A veces
—dije— no hay más que eso
y algún sitio donde ir pero ningún sitio donde quedarte
y palabras que son las piezas del abismo
y recuerdos igual que disparos en una diana.

Luego llegó la luz, el ruido azul
de la mañana,
mientras tú decías:
—Te di mi corazón y quisiste mis sueños,
te di mis sueños pero quisiste mi esperanza.
y yo dije:Sí, es eso. Eso es todo:
una sola mujer y un millón de maneras de perderla.
Me miraste. Dijiste:¿Y después? Y yo dije:
—Nada. Después no hay nada.
Después de eso
tenemos que estar juntos para siempre.

Nos quedamos callados,
junto al agua,
mientras la luz rompía el orden de la noche,
mientras el mar se estrellaba contra los nombres de las ciudades.
Mirando el sol sobre las torres blancas.
Cada uno observando su corazón moverse
lo mismo que un pez rojo en la oscuridad de un río.
La sombra de las torres se parecía a mi vida.
Cada uno protegido por su propio dolor,
como ángeles mirando una tormenta desde el fondo del cielo.


Benjamín Prado
De "Todos nosotros" 1998
Dentro de: Mi antología, Ediciones UDLA, 2007 México

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