martes, 16 de octubre de 2007

Insomne

......................................................................................................................... La trama del silencio 1993-Ángel Orcajo
Sentado a la mesa, delante la vela,
percibo el mundo y no hay división.
Mis ojos se cierran pero miran;
la llama de la vela me ilumina.

Los ojos se han cerrado pero miran,
intensamente miran;
su ver se prolonga más allá de mis ojos.
Este cansancio no me quema.

Los sentidos, abriéndose sin mí
—más allá de mí— son puertas infinitas,
o barcos que navegan por el agua de esta nada
que llamamos realidad.

Las cosas ya no existen, no son cosas:
son silencio,
círculo que se abre
se dilata se prolonga sin orillas.

Sentado ante la vela, yö ya no soy yo,
no hay centro ni hay distancias.
Mi cuerpo se diluye en los sentidos
y es tremendidad.

Mi cuerpo
es un puro silencio sin puntos cardinales,
agua inmaterial
por donde el ojo mira el mundo.

Mis ojos permanecen cerrados,
se abren al silencio.
Siempre es ahora, la misma hora siempre
y todos los lugares son el mundo.

No hay gente y no hay calles,
no hay cosas sino mundo.
Las formas visibles del mundo son apenas una cresta,
lluvia parda que ensordece los sentidos.

Todo lo que soy sólo fluye,
agua a la deriva de mi cuerpo:
lúcida punta de un iceberg sin medida
en el agua inmaterial de lo existente.

Escucho el rumor de mi agua rauda
brotar desde la llama de la vela,
un mástil de la luz ilumina
la proa de las cosas que juegan a ser cosas.

En lo alto de la torre del silencio
observo con el tacto y el oído las figuras,
océanos visibles que apenas son bahías
o el costado de otro río.

Con los ojos cerrados miro islas,
archipiélagos en medio de un naufragio,
continentes que no son lo que los ojos
formulan como el mundo: magia insomne.

No hay cosas ni hay personas,
tampoco sustantivos;
sólo está la base de las cosas:
relámpago que estalla.

Relámpago la base que nombramos al mirarla
y es inútil —el nombre del silencio no es silencio,
no hay brújula ni puntos cardinales—:
sólo agua que no cesa.

Mis manos son vistas por mis ojos,
mis manos se posan en la mesa;
no son una bahía de mi cuerpo
ni extremo de otra cosa.

Mis dedos son un puente para el ojo,
mi boca mismo puente hacia el olfato y el oído;
mi cuerpo es otro puente y mis sentidos
son agua inmaterial que aproxima las orillas.

Mis manos son palomas y son flores,
mis dedos el rizoma del follaje,
las ramas el oído: luz que suena:
delante de la vela crece un árbol.

Aquí, donde el ojo no es mirada,
es raíz de lo visible y lo invisible;
aquí donde el oído no es la oreja,
es ramaje de lo audible y lo inaudible.

Este mar son los sentidos,
que salen a la luz y se prolongan,
que se unen por el puente de agua rauda
al océano total de lo existente.

Mi cuerpo ya no es un cuerpo,
agua en el agua y los límites perdidos;
—por el otro lado del puente
el mundo cruza el puente y entra en mí.

Nada es real, nada es irreal,
siempre es ahora, la misma hora siempre,
símbolo lunar, agua en el agua.
Y todos los lugares son el mundo.

No hay hábito en la lumbre,
no hay columna sosteniendo este péndulo de cuerpo;
no hay causa ni azar, no hay efecto,
sólo está la luz, y este silencio que suena.

Sentado a la mesa, delante la vela,
ya no hay certidumbre ni recelo,
ya no hay alegría o desaliento,
sólo este relámpago del sueño:


Cosme Álvarez
De: Vivo Sueño, Ediciones sin nombre, 2006



la guarida de cosme álvarez
las afinidades electivas méxico: cosme álvarez
albalpha: cosme álvarez
ángel orcajo
ciudad de la pintura: ángel orcajo

archivo del blog

Creative Commons License
Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons.

Snap Shots

Get Free Shots from Snap.com