domingo, 10 de febrero de 2013

Madera

Empty basket, 1996 - Avigdor Arikha

Un pan sobrecogido
atento a su oración desnuda

una fotografía
bebiendo sol por su región más blanca

un quieto vaso de agua
midiendo el tiempo con que se evapora

una tímida espora
 . . . . . . . . . . . . . . . . . un ácaro apenas


casi nada acontece sobre la madera.

Solamente la tarde
el vuelo de las moscas que custodian
la mesa en su abandono.

Un perro mientras se despulga
asiste con tedio a esa muda función de cine.




Tríptico de carretera

I
¿De qué signo es el coral
su forma oscura de proliferar en los bordes
resplandeciendo en la miopía de los océanos
como un pensamiento impuro?

¿De qué lenguaje participa el heno
doblegando de los árboles la propensión a las alturas?

La carretera surca el valle y besa un punto del Grijalva.
Se me ofrecen líneas:
signos debilitados por el acento de los bosques.

Going out - Avigdor Arikha
A la derecha venden mojarras:
destellos apresados por las redes
o por error llovidos
en las manos.


II
Un rumor resume
transfigura el discurso del paisaje

(un pájaro que esplende,
la madera hinchándose en la lluvia).

Un rumor descubre
acentúa lo continuo de la selva
en su espesor insomne
en su columna de agua que vertebra
y reverbera...
en su sed de apresar lo que deslumbra.


III
La carretera fluye:
inaugura un túnel en la niebla.
Como un Nautilus
el coche se adentra en la espesura
y me separa:
aísla mi voz de aquella noche.

A la derecha venden truchas:
cuchillos del légamos extraídos
y un cartel anuncia: Bienvenido a Chiapas.




Aquí no hay nadie. Ven.
Pon tu mano en el aliento de las bestias.
Toca las hojas húmedas, el mineral hiriente donde orina el forajido.
Socks, 1998 - Avigdor Arikha
Tócame, ven. Afuera hay mariposas moribundas,
niños que persiguen animales para ponerles adjetivos, comas;
niños tartamudos de besar el piso.

Pero ven. Aquí no hay nadie.
Ven. Siente el tejido palpitando
como un millón de insectos,
siente el panal de abejas que es mi tórax,
reunión de tábanos mi cama,
hormigas rojas esta voz que ya me escuece.

Mi casa está llena, toca el piso que despinta, la pared que se estremece, toca.
Toca, mira, ven a ver cómo es mi casa:
fragmentos de vidrio en el agua de beber
y nadie, nada.
Cables formando ovillos.
Estambres.
Sillas manteniendo en coro un diálogo de astillas.
Frutas cediendo al tiempo el brillo de su entraña.

Tócame, ven. Siente mis uñas:
en ellas vive un recuerdo hecho de carne,
en ellas duerme otra saliva;
células de un cuerpo que no existe
edifican en mis uñas un castillo.
Ven. Dime daniel, danielito, niño de aliento,
dime lindo, requetelindo, dolor de espina.
Lindo pájaro sin patas condenado al vuelo.

Pero ven aquí, no me ando por las ramas: existo alrededor de un árbol
(colorín o jacaranda de púrpura estampida).

Hojas mínimas en el asfalto soy disperso.
Historia natural de mi colonia soy local como anestesia.
Libídine sobre mosaico soy lujuria en la tina y adulterio.

Brasa soy, toca mi ser sediento

que aquí no hay nadie que nos mire.



Daniel Saldaña París
De: Divino Tesoro. Muestra de nueva poesía mexicana, Selección: Luis Felipe Fabre, Ed. Fund. Centro Histórico de la Cd. de México, México 2008


la máquina autobiográfica de daniel saldaña parís
punto de partida: daniel saldaña parís
marlborough fine art: avigdor akhina
ciudad de la pintura: avigdor akhina

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