viernes, 31 de diciembre de 2010

El poeta


Naturaleza muerta resucitando, 1963 - Remedios Varo



Ese hombre de cabellera dispersa, no es otra cosa que el exhumador de un mundo antes irredento. Ha aprendido, sufriendo, fórmulas mágicas que los otros desconocen: conjuros para evocar y recrear las danzas interiores.

Razas sordomudas, perdidas en sus parajes profundos, cobran voz bruscamente y, desde el valle dormido bajo la niebla, ese coral suena iluminando regiones desoladas o magníficas.

Así hasta que toda la tierra se convierte en eco.



Juan Eduardo Cirlot

De: Árbol agónico, 1945.

















poéticas: juan eduardo cirlot
poemas de: juan eduardo cirlot
ciudad de la pintura: remedios varo
literaberinto:remedios varo

Shhh Peaceful - Miles Davis

sábado, 18 de diciembre de 2010

Amanecer



En la honda noche universal
que apenas contradicen los faroles
una racha perdida
ha ofendido las calles taciturnas
como presentimiento tembloroso
del amanecer horrible que ronda
Last light, 2009 - Mitch Dobrowner
los arrabales desmantelados del mundo.
Curioso de la sombra
y acobardado por la amenaza del alba
reviví la tremenda conjetura
de Schopenhauer y de Berkeley
que declara que el mundo
es una actividad de la mente,
un sueño de las almas,
sin base ni propósito ni volumen.
Y ya que las ideas
no son eternas como el mármol
sino inmortales como un bosque o un río,
la doctrina anterior
asumió otra forma en el alba
y la superstición de esa hora
cuando la luz como una enredadera
va a implicar las paredes de la sombra,
doblegó mi razón
y trazó el capricho siguiente:
Si están ajenas de sustancia las cosas
y si esta numerosa Buenos Aires
no es más que un sueño
que erige en compartida magia las almas,
hay un instante
en que peligra desafortunadamente su ser
y es el instante estremecido del alba,
cuando son pocos los que sueñan el mundo
y sólo algunos trasnochadores conservan,
cenicienta y apenas bosquejada,
la imagen de las calles
que definirán después con los otros.
¡Hora en que el sueño pertinaz de la vida
corre peligro de quebranto,
hora en que le sería fácil a Dios
matar del todo Su obra!

Pero de nuevo el mundo se ha salvado.
La luz discurre inventando sucios colores
y con algún remordimiento
de mi complicidad en el resurgimiento del día
solicito mi casa,
atónita y glacial en la luz blanca,
mientras un pájaro detiene el silencio
y la noche gastada
se ha quedado en los ojos de los ciegos.


Jorge Luis Borges

De: Fervor de Buenos Aires, 1923
Dentro de:Jorger Luis Borges/Obras completas 1, Emecé Editores, 2005 Argentina


solo literatura:borges 
poemhunter:borges
mitch dobrowner
contemporary works: mitch dobrowner

Sonata para cello & piano Op.40 IV - Allegro - Shostakovich

viernes, 17 de diciembre de 2010

Escolios

Postal Card-For Mother, 1968 - Richard Hamilton
Nada que escape al fuego de las sombras: las ho-
ras, los ciclos, la voz, el sesgo de la página que pre-
cipita los días —inexistentes como el sol. Nada que
pueda romper la quietud deshabitada o los giros 
ciegos de la rueda.

La historia no es más que la zaga del árbol. Lo que
calla en su cuerpo es el cuerpo —rotos los signos,
vencido tras las horas.

Nada que no ceda la palabra sin la historia. Sólo el
olvido que escribe en el tronco: el miedo al tiempo
no borra el miedo a tus ojos.




¿Qué puede alcanzar la orilla de ese árbol si las cosas
no poseen un centro? Si la fronda se mueve, no es el
viento quien la agita: algo la muerde por dentro. No
la sacuden la página en su espera, ni los trabajos en la
sima del nombre y el lugar. Tampoco la separación
donde sus elementos dicen "Yo" ante la pregunta.

Ni porción ni ser sus frutos: sesgada la lectura desde
el cuerpo, la página deviene sin memoria.




Hay en el otoño un invierno que no es del tiempo.
Florece en él un árbol que no es la historia ni el fru-
to sin certeza en la lectura. No pertenece a los cami-
nos —invisibles lo mismo que la sangre sobre la
manzana.

Los infiernos se mueven en ciclos// Es una voz que
interrumpe al tiempo. No queda inscrita en las esqui-
nas de dios. No es su ojo quien la lee. Su destinatario
es el invierno que se abre paso en otra frase: No es
imposible el retorno, inexistente es el tiempo.
















:no sé —excepto por la parte inferior— si la página
permanezca en su blancura. No sé si exista el espacio
sin alteración. Ayer leí que "ese tiempo era ya pasado".
No lo sé: no conozco este tiempo, no conozco otro
tiempo. No conozco la página, nunca he visto la 
historia. A veces veo la merluza destrozada: A veces...
Pero no conozco ni conocí el instante de la página
ebúrnea. No sé —excepto por la parte inferior— si
esta página se conserve en su silencio original. Tam-
poco sé —salvo en algunos momentos que se me
escapan— si las hojas del albaricoque se muevan de
oeste a este: sólo sé que no puedo evitar su caída.



Jorge Solís Arenazas


De: Cuaderno de agua, Fondo Editorial Tierra Adentro, 2006.





letras.s5:jorge solís arenazas
el poema seminal:jorge solís arenazas
 albalpha:jorge solís arenazas
moma:richard hamilton

tate: richard hamilton

Sonata para cello & piano Op19 No.3

jueves, 2 de diciembre de 2010

La noche sin estrellas, Grace Kelly

Escucha, mundo,
de un coloso de pan
A mixture of frailties, 2004 - Susie MacMurray
en el vórtice de tormentas aladas
estruendo agudo
contra la corteza brillante.
Soñando lo vi
cruzaba la tierra
con estela
de moronas gruesas
tras de sí,
nevando el campo
floreciendo en pueblos
y tiempos de aves
que al levantar el vuelo
sujetaban a otras
hasta urdir la capa
que el cielo oscurecía.
El coloso caminaba
en busca del mar,
de un extremo a otro
el rotundo paso
como tumba abierta
cimbraba en mis oídos
y era el golpe de gloria
ante la figura de una noche sin estrellas,
esa noche, 
larga noche,
noche moribunda,
tras el coloso andando,
cubierta en pan,
cubierta en plumas,
cubierta en la blanca caspa del tiempo
que sus piernas y brazos despedían.
Divisamos el mar
dejando un mundo fundado entre migajas,
ciudades infinitas
con venas negras
entre montes,
lagos fríos,
bosques,
ríos de cobre.
Y al mar llegamos,
A mixture of frailties, 2004 - Susie Mac Murray
el coloso estaba reducido
y triste,
escuché truenos blancos,
vi,
entre sus grietas,
el azul y el rojo que le recorrían
al momento de arrodillarse
sobre el agua
para observar su inmenso rostro de masa.
Dijo:
"Nación sorda,
nació muerta"
y se dejó caer en el mar
cubierto en el excremento amargo de las aves,

mientras mis pies desnudos
resentían el agua negra de la noche
y las cincuenta balsas blancas que se hundían,
cincuenta estrellas en la noche sin estrellas.

Desperté viva y llorosa
como una mañana de algún invierno venidero

y perdí un país,
un nombre,
inventando la oración de mis abuelos:
"espada de mi tierra,
eres delirio dulce
y la muerte de los tiempos."


Benjamín Eliezer

De: .U.S.S.A., Talleres Grupo Generación Espontánea, 2009 México

albalpha:benjamín eliezer

Rachmaninoff-Elegie op.3 no.1

Gota de leche en los labios, Norma Jean

Norma,
niña de mil flores,
eras la distancia,
por fin vista,
Icon, 2002 - Susie MacMurray
de los viejos prados
en los enormes prados
de un mundo enfurecido
o la canción de un anciano
y el alfiler al ojo
con una lágrima que recorre en elipsis
y cree dar el más puro de los regalos.
De oro y blanco,
sin esperma concebida,
la gran virgen de las putas,
con hollín bajo los párpados
y cada pierna
retorcida,
cubriendo el diamantado
hueco de su peste,
en el halo semítico,
sarnoso,
secular,
ceroso,
del manto florido
en el que protege,
pero dice,
"el frío que cargo
no es poca cosa,
me han querido encender
y al fondo de esta pira
no quedan más que muertas,
hechas vicio,
contra el borde".
Y no creemos
nada en absoluto,
con Dios esparcido en la ceniza
que cubre el cabello
de la virgen,
y su manto
de adoración cruenta,
o divina
o carnosa
o pastoral,
las mil flores
al paso
que se abren
y son vulvas
de barniz diverso
donde la luz se pierde,
hasta cegarnos.
"Yo viví con Norma,
yo fui su padre,
yo la tomé
en el moho de un sótano,
su piel blanca me comprende,
su mirada blanca me comprende,
su entrada roja me comprende",
y la niña dice,
"mi padre está en mí,
y no siento nada,
nada más que
el rumor de la vida
que revienta contra los muros"
pero has de ser
el prado de todos,
el jardín del hombre
Icon, 2002 - Susie MacMurray
y la casualidad de su convite,
virgen bendita de luz roja,
virgen pura de callejón negro,
de ventana y cortinillas sarmentosas,
virgen de mil flores,
rodeada de un millón de aves,
que en ciclos
desnudan cada pétalo
horadando la casualidad de la sonrisa,
cercada por un muro
de cerdos que gritan la ternura
de su carne,
"serás la devoción
de cinco razas,
y cada una cubrirá su espina
con trozos de tu iris",
y la virgen,
pensando en la niña,
mirando flores y aves,
puta de cabello metálico,
vestido santo y brillante,
que se extiende con el viento,
reza el nombre de cada una de sus gotas,
de cada una de sus entregas
en los viejos prados,
"nosotros la tuvimos,
en diferentes cuartos,
tras diferentes destellos,
en la insoportable pesadez de su cadera,
nosotros, cuatro, cinco,
seis, siete
o todo el pueblo de Israel,
la sacamos de sí,
profanamos el templo
para robar el arca
y huimos tras la puerta abierta
esperando que la lluvia secara
su piel blanca,
su mirada blanca,
su entrada roja":
y la niña dice,
"yo
me dí al mundo
porque cansaba ese oleaje
tras los muros,
pero el frío que cargo no es poca cosa,
no lo es,
yo
ya no soy
ni entiendo,
en este prado,
bajo esta lluvia,
me quedo sola
porque ya me han tocado todos".
Y la virgen anda entre sus flores,
a la sombra de sus pájaros,
bautizada
Circe,
Norma,
Marilyn,
con una lágrima lechosa
levemente suspendida
sobre el horizonte del labio,
en eclipsado miedo al roce lentón
de dulce entraña,
rubor mariano,
que se aproxima
con la mirada tensa
y los párpados vencidos
hasta la cámara,
al bosque santo,
como si viera
el sótano de su devoción
y escuchara la vida contra los muros
porque los cerdos ronronean
"la queremos todos,
desmembrada, trashumante,
vuelta una rúbrica inservible
porque no se tolera su existencia
o la visión dolorosa de su paso,
que nos devuelve
las piernas".
Y contemplamos sus ojos,
en la trizteza de dos mil años,
corona de espinas, minutos y horas,
hasta hacer una reverencia
a nuestra gloria:
pues viva la virgen puta,
la diosa sucia,
la santa puerca
que nos moja
en su piel blanca,
en su mirada blanca,
en la entrada roja
a la distancia
de los viejos prados
en los enormes prados
de un mundo enfurecido.


Benjamín Eliezer

De: .U.S.S.A., Talleres Grupo Generación Espontánea, 2009 México

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